
Empieza septiembre y retomamos el blog. Espero que el verano haya sido un tiempo de descanso y también de crecimiento para tod@s.
Hace tiempo que me viene a la cabeza una metáfora que intenta definir lo que vengo llamando liderazgo desde la confianza. La metáfora me ayuda a explicar cual es papel del líder. Se me ocurrió viendo a un niño pequeño soplando un barquito de papel en un pequeño estanque. El niño soplaba y el barquito avanzaba. Si soplaba poco, el barquito casi no avanzaba, si soplaba demasiado fuerte, el barquito volcaba. Contemplando la escena, sentí que definía muy bien lo que quiero decir y aspiro a hacer desde el liderazgo. El papel del líder desde la confianza es soplar.
La verdad es que, cuando vi la escena, fue una apelación a lo que a mí me cuesta siendo líder cada día. Sonreía viendo cómo muchas veces tiendo a liderar tirando, arrastrando, empujando… Son todos verbos que denotan tensión y que, casi siempre, conducen a un ritmo y a un proceso que no respeta al otro o que trata de ir más deprisa de lo que es preciso. Por eso, al final, me pareció que soplar es un arte: el arte de dar el soplido justo para que el barquito avance a la velocidad adecuada y no vuelque. Al final, el niño consiguió que el barco avanzara a la velocidad justa para surcar las aguas del pequeño estanque.
«liderar es el arte de soplar para ayudar a las personas a desplegar su potencial»
Peligros
Hay muchos peligros que tenemos los líderes si no somos conscientes de que nuestro papel es soplar, ayudar al otro a avanzar. Señalaré algunos:
- La impaciencia (volcar): muchas veces, con la mejor intención, vemos en el/la otra/o posibilidades de que desarrolle lo mejor, vemos objetivos que se pueden alcanzar y nuestra tentación es soplar demasiado. Tratar de correr, arrastrar o empujar demasiado deprisa. Esto produce siempre malas consecuencias para la persona que dirigimos. Puede producir parálisis, miedo a lo desconocido, puede enturbiar y tensar la relación…
- La parálisis (calma chicha): a veces puede ocurrir lo contrario. El líder no sopla con la suficiente fuerza y, en este caso, la persona no avanza. Esto se puede producir porque se tiene un excesivo respeto, casi escrúpulos sobre la persona. Una vez un líder me decía que él no era nadie para desarrollar a las personas de su equipo. Entiendo la humildad y el respeto, pero debajo de ello puede haber excesivos escrúpulos y, en el fondo, dejación de la responsabilidad como líder.
- La salvación (tormenta): hay muchas veces que las personas pasan crisis, son momentos fundamentales en su crecimiento y es especialmente delicado el papel del líder en estos momentos. En estos casos, cuando se desata la tormenta, tenemos la tentación de intervenir. Muchas veces lo hacemos para que la persona no sufra o para protegerla, tratamos de sacarla a flote, nos queremos convertir en “salvadores/as”. Esto tiene muchos peligros, pero el fundamental es evitar un aprendizaje vital. Si somos sinceros todos/as hemos crecido con las tormentas de la vida. En estos casos, estaremos abiertos/as, atentos/as, disponibles para el otro pero el barquito tiene que sortear la tormenta solo. Probablemente, aquí hay que estar pero no soplar.
Herramientas para soplar.
Para mí soplar es un arte, y, como tal, no se puede dar un manual de aprendizaje sino que con la experiencia, los errores, el propio crecimiento personal, vamos mejorando en este arte de soplar adecuadamente. Es como esos artesanos del vidrio que, soplando, hacen figuras extraordinarias y que cada una es distinta y tiene el sello de cada artesano. Sin embargo, daré unas herramientas que pueden ayudar en este arte de soplar por si pueden servir:
- La pregunta: creo que la pregunta es parte fundamental del arte de soplar. La pregunta abierta, interesada, empática que nace desde la escucha profunda del otro/a. Estas preguntas harán crecer. Un/a líder tiene que tener muchas preguntas y pocas respuestas, esto es muy contrario a lo que nos han enseñado desde la imagen clásica del líder.
- El silencio: tendemos a llenar nuestros encuentros de palabras, sonidos, discursos etc. Normalmente porque no aguantamos el silencio. Sin embargo, en una relación y en un encuentro es muy importante saber aguantar el silencio. Esto dará tiempo al otro, impedirá la impaciencia y esperará que la persona encuentre sus respuestas.
- La perspectiva: una cosa que ayuda mucho es ver la historia, con perspectiva, de cada una de las personas que dirigimos. Cómo han evolucionado, las etapas que han pasado, el crecimiento que han tenido, lo que han ido logrando, los temas en los que la persona siempre tropieza… Coger perspectiva ayuda a soplar mejor, a saber cual es la intensidad del soplido en cada momento. Una cosa que a mí me suele ayudar es escribir la historia de la persona para darme cuenta en qué momento está y cómo le puedo ayudar.
El arte de liderar es el arte de soplar para poder ayudar al otro/a a desplegar su potencial. A veces seremos una brisa suave, otras un viento divertido que nos impulsa a volar y otras un viento atronador que, aunque asusta, nos empuja a avanzar. Los creyentes sabemos que el Espíritu, la ruah, es el “viento”, el aliento de Dios. “El viento sopla donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu” Jn 3-8.
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!!!! Feliz comienzo de curso !!!! Gracias Juan.
Hoy me quedo con la importancia de la perspectiva o entiendo, contexto de cada persona. Y me animas a hacerme más consciente de las preguntas surgidas del respeto y la empatía.
Ahora me voy a ir a dar un paseo y desplegar mis velas para disfrutar de una suave brisa ;D
Muchas gracias Paloma. Eso, desplegar las alas paseando o como sea. Buen comienzo para ti también