Espacios de Confianza

Asimetría

Toda relación de liderazgo es una relación asimétrica. Las organizaciones, las estructuras sociales, los sistemas, están ordenados jerárquicamente. Esto supone de manera real, imaginaria o cultural que alguien “está arriba” y “alguien está abajo”. En las empresas esto es claro pero no sólo ocurre en las empresas, también ocurre en casi todos los sistemas: profesor y alumno/a, acompañante y acompañado/a, padre/madre e hijo/a, médico/a y paciente…

Todos los sistemas están organizados con algún tipo de jerarquía (formal o informal), lo que produce relaciones asimétricas.

A veces está claramente definido, como digo, por la propia estructura pero otras viene definido porque una persona atribuye a otra cierta autoridad, superioridad intelectual o moral etc y nos situamos por debajo.

Nada mejor que una anécdota para ilustrar el tema. Hace bastantes años, siendo yo director de recursos humanos, llamamos al departamento a una persona que trabajaba en la línea de producción. Le llamamos para entregarle un premio porque había ganado un concurso de fotografía, pero no le habíamos dicho el motivo. Cuando llegó traía una cara de enorme preocupación y ansiedad. Si le llamaba el director de recursos humanos, nada bueno se podía esperar… La historia tuvo un final feliz con la alegría del premio, pero a mí me hizo pensar mucho. Claro, la relación era asimétrica y marcada por el miedo. Nunca había hablado con esa persona, pero ya traía ideas preconcebidas de lo que significaba hablar con el director de recursos humanos, ideas establecidas por años de historia de las organizaciones y de conflictos.

Esto me hace tomar conciencia que los/as líderes, los/as padres, los/as acompañantes, los/as médicos… establecemos una relación asimétrica con las personas que dirigimos, aconsejamos, acompañamos… Tomar conciencia lleva necesariamente a tener cuidado con lo que decimos o hacemos con las personas, porque esta asimetría puede generar dolor, malestar, desconfianza, dañar la autoestima, etc.

Todos/as estamos en relaciones asimétricas porque así estamos organizados. A veces estamos “arriba” y a veces estamos “abajo” y esto nos puede ayudar mucho para liderar desde la confianza. Nos ayuda ver cómo nos sentimos cuando estamos “abajo”: en positivo cuando nos han ayudado a aumentar nuestra confianza y en negativo cuando nos hemos sentido no escuchados/as, no comprendidos/as, incluso cuando nos han dañado. Es importante ser muy conscientes de esto porque en las relaciones asimétricas es mucho más fácil dañar a la personas, especialmente si a la persona le damos mucha autoridad moral o intelectual sobre nosotros/as. En el extremo, en una relación asimétrica se pueden producir abusos de poder, conscientes o inconscientes. No ocurre así en las relaciones simétricas (amistad, hermandad etc), aunque muchas veces sutilmente en las propias relaciones simétricas se produzcan asimetrías porque le damos al otro una autoridad sobre nosotros, también consciente o inconscientemente.

Como aquí hablamos de liderazgo voy a intentar expresar, a mi juicio, qué actitudes y aspectos deberíamos tener en cuenta para cuidar a la persona en nuestras relaciones:

  • Reconocer siempre: las relaciones liderazgo suelen ir encaminadas a la mejora: la mejora de los objetivos, la mejora del rendimiento (los hijos y las notas), el desarrollo personal como mejora de la persona… Yo creo que es muy importante plantearnos las conversaciones desde la óptica del reconocimiento. Cuando hablamos, impulsamos, aconsejamos a alguién, empezar por reconocer lo que ha hecho, sus cualidades, sus logros etc.
  • Escuchar mucho, mucho, mucho, mucho más de lo que piensas: en las relaciones de liderazgo es muy importante escuchar, todos/as lo sabemos. Mi experiencia es que nunca es suficiente. Para poder conectar con lo que la otra persona siente, es o piensa es necesario escuchar con todos los poros. No solo lo que dice sino lo que expresa con su cara, con su cuerpo, con su silencios… Dar espacio a la escucha para poder luego orientar, dirigir. Escuchar es, también, estar atento a la personalidad e historia de la persona que tenemos delante: no es lo mismo una persona muy sensible que otra que no lo es tanto, una persona que tiene un dolor en su historia etc. etc.
  • Acoger desde una relación de confianza: trabajar el contexto de la confianza para que la persona pueda expresarse, tenga la apertura para contarnos sus dificultades, tenga la garantía que lo que me cuenta será guardado y cuidado, tenga la experiencia que es acogida cuando hay dolor o dificultad. Para esto es importante, entre otras cosas, hablar desde nuestra propia vulnerabilidad, desde nuestra experiencia dolorosa o reconocer cuando nos hemos equivocado y pedir perdón.
  • No hay mejor medicina o veneno que las palabras: las palabras sanan o nos matan. Tener cuidado con lo que decimos es esencial. Todos/as tenemos experiencia de pequeñas palabras que nos han erosionado y nos han dolido, especialmente en las relaciones asimétricas. Pensemos en los niños, con ellos/as tenemos que tener especial cuidado.

Miro lo que he escrito y me doy cuenta de tantas veces que no lo he hecho bien. Me doy cuenta que muchas veces he dañado a personas en mis relaciones asimétricas. Que no he valorado suficiente, que no he alentado, que he dicho palabras exigentes y oscuras, que no he querido bien a personas que dirijo y he dirigido. Quisiera que esta entrada también sirviera para pedirles perdón cuando les he hecho sentir mal. No se trata de machacarnos, sino de reconocer para hacerlo cada día un poco mejor.

Para finalizar otra anécdota que es la que me ha impulsado a escribir esta entrada. A una persona a la que quiero mucho hace dos años le diagnosticaron una enfermedad degenerativa. Los médicos le han tratado muy bien estos años, le han aconsejado profesionalmente, le han comunicado bien las cosas y se ha sentido acompañado por ellos/as. Pero a pesar de todo, la preocupación ha ido ocupando su vida, se ha sentido abatido, inválido, vulnerable… aunque lleva todo con gran entereza y confianza. Normal, a todos/as nos habría pasado. Sin embargo, el otro día en el centro de salud, se encontró con una enfermera que le dijo que la situación en este momento no era grave, que la enfermedad iba avanzando de manera muy lenta, que lo veía muy bien, que saliera, que viviera… No sé lo que le dijo pero fueron “palabras milagro” porque él salió reconfortado, alegre, aliviado … Y llego a casa y se puso a tocar la guitarra. Esto define mucho mejor que yo lo que los que estamos “arriba” podemos hacer: milagros. De eso se trata.

Os animo a compartir experiencias en los comentarios.

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