Espacios de Confianza

Conversaciones transformadoras

Os cuento una cosa que me paso una vez trabajando con un equipo. Estábamos unos días fuera tratando de buscar puntos comunes, proyectar el futuro, buscar nuevos proyectos… Esas cosas que se supone que hacen los equipos cuando salen fuera 😉. El día transcurría con una conversación correcta, con unas ideas que iban surgiendo de unos a otros, los argumentos estaban encima de la mesa, había respeto y no conflicto. Todo parecía que iba bien y que podríamos llegar al objetivo que nos habíamos propuesto.

Sin embargo, en un momento dado, una persona del equipo, que había estado bastante callada durante todo el día, tomo la palabra y dijo: «yo ya no puedo más». Se hizo un silencio durante un minuto y después salieron un montón de palabras por su boca, como un torrente. Explicó muchas cosas sobre lo que le costaba llevar lo que tenía entre manos, las dificultades que le situaban en una posición de cansancio y desmotivación, las emociones fluyeron al contacto de las expresiones que nos iba comunicando. Se quedó callado. Me sentí obligado a parar la reunión, dejar lo que teníamos entre manos, y di la palabra a todos los demás miembros del equipo. Una atmósfera de comprensión y unión lo invadió todo, hubo acogida sobre lo dicho, se expresaron emociones, también dificultades… Poco a poco salieron sentimientos, dudas, opiniones contrarias, conflictos pero desde otro sitio, un sitio más acogedor, más apreciativo.

La conversación duró una hora y media más, todos pudimos hablar y podríamos decir que la relación cambió un poco para mejor. Al final del día el tono de todo lo que hablamos tuvo otra profundidad, otra calidez y otra empatía. Ya no nos centramos en el problema que había puesto encima de la mesa, ya no parecía tan importante, tan urgente, tan inabarcable. Es como si la conversación hubiera sido lo importante y eso había abierto nuevas puertas para resolver el problema. Había sucedido algo parecido a esa frase que escuche un día: «a veces los problemas no se resuelven, se disuelven».

¿Qué es lo que había pasado para que todo cambiase? Lo que había cambiado es que esa persona había hablado desde otro sitio. Y ese sitio era su propia vulnerabilidad. Hablaba desde sí mismo, se había desprotegido. De esta manera había cambiado todo, nos había invitado a que nosotros también nos desprotegieramos, a que no siguieramos hablando desde la cabeza, desde las ideas. Ante tal expresión de vulnerabilidad, no podíamos seguir conversando si los demás no bajabamos al mismo nivel. Esto hizo que el diálogo fuera distinto y nos transformara a todos/as.

Las conversaciones transforman cuando nos atrevemos a desprotegernos y dar paso a nuestra propia vulnerabilidad.

Seguro que habéis tenido experiencias significativas como la que yo he contado. Recordad aquella conversación en un viaje, aquella sobremesa con vuestros hijos que se alargó y se produjo un comunicación más profunda, aquella caminata con una persona que no tenías mucha relación pero que os unió de una manera distinta… tantas ocasiones…

Soy un convencido que el diálogo profundo transforma. En la propia conversación profunda se producen cambios que no pueden lograr los mejores planes, los mejores proyectos. Por eso creo que fomentar el diálogo en los equipos es una de las mejores herramientas que tenemos los/as líderes, ya seamos jefes, padres, educadores etc. Os daré algunas pistas que a mí me han ayudado a crear diálogos transformadores en los equipos:

  • El contexto: mi experiencia es que el diálogo transformador se produce siempre que salimos de nuestro entorno cotidiano para abrirnos a otra forma de estar con más tiempo y más evocadora. El diálogo funciona mejor cuando salimos a la naturaleza, cuando viajamos juntos, cuando nos damos tiempo para hablar.
  • Partir de la introspección: creo que es importante que las personas no conecten solo con las ideas o hablen desde lo externo. Es importante primero facilitar un tiempo para que la persona se enfrente a su interior y se pregunte, desde ella, sobre el tema que vamos a tratar. Algunas preguntas podrían ser; ¿Cómo te sientes ante este tema? ¿Cómo has evolucionado sobre el tema? ¿Qué sentimientos te produce? ¿Qué te produce oscuridad y qué luz sobre el tema?... No tenemos porque compartir estas preguntas con el resto del equipo, pero si nos preguntarnos a nosotros mismos se podrá hablar desde otro sitio, no tan racional. Si damos un tiempo personal para preguntarnos antes de empezar el diálogo, el clima de la conversación cambiará seguro.
  • Dar tiempo a la expresión: el/la facilitador/a del diálogo tendrá que estar con una escucha empática para dar lo tiempos necesarios a cada una de las personas, animando a que se hable. Es muy importante que el/la facilitador/a no quiera llegar a ningún sitio, no tenga prisa, deje fluir la conversación hasta que sintamos que se ha agotado.
  • La conclusión no es lo más importante: mi experiencia es que lo importante para la transformación se da en la propia conversación, no en las conclusiones a las que lleguemos. El sentimiento compartido, las intuiciones, la intención común, las nuevas relaciones serán las que hagan el cambio. Cuando volvamos a nuestro entorno, seguro que las cosas cambiarán porque las relaciones habrán cambiado y siempre podemos volver al recuerdo de lo vivido.

Espero vuestros comentarios y os animo a abriros a un mundo de conversaciones transformadoras.

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