Espacios de Confianza

Trapecista

Marta, mi mujer, suele decir: «yo lo que quiero es la felicidad de mis hijos, aunque sean trapecistas». Es una frase que a mí me hace gracia y que estos días me ha hecho pensar con respecto al liderazgo desde la confianza. Eso es en el fondo lo que queremos (o deberíamos querer) los/as líderes, los/as maetros/as, los padres y las madres para todos/as los que dirigimos, orientamos, educamos, amamos; que sean: TRAPECISTAS. Es decir, lo que ellos desean profundamente ser, lo que quieren desplegar, lo que aman desde niños, lo que disfrutan, lo que han recibido como don.

Os cuento un ejercicio que hice yo conmigo mismo a la luz de esta frase. Cerré los ojos, me fijé en la respiración (siempre la respiración me calma y me centra) y luego, con la imaginación, imaginé a una de mis hijas siendo trapecista. La veía entrenar con fuerza y sufrir para conseguir el doble mortal, su carita tenía una concentración intensa, veía su determinación para volverse a subir al trapecio después de caer a la red una y otra vez. Luego la imaginaba en la pista de un circo lleno de gente, la anunciaba el maestro de ceremonias y salía corriendo con una mirada brillante en los ojos, su cara resplandecía y estaba llena de pasión. Subía al trapecio, hacía mil volteretas y ejercicios, cada vez más difíciles, cada vez más bonitos. El público aplaudía con fuerza. El doble mortal hacia atrás culminaba la actuación y saltaba a la pista radiante, recibiendo una ovación atronadora. Entonces su cara era de una satisfacción enorme, su sonrisa despegaba de su cara y sentía una felicidad inmensa. Estaba feliz porque todo el mundo, en aquel circo, estaba feliz. Tenía la paz de saberse en su sitio, de entregar lo mejor de sí misma, de sentirse plena y unida con su interior y con cuantos la rodeaban.

«yo quiero la felicidad de mis hijos aunque sean trapecistas»

Este ejercicio lo podéis hacer con cada uno de vuestros hijos, miembros de vuestro equipo, alumnos… pero también lo podéis hacer con vosotros/as mismos/as. Reconocer dónde os sentís así, cuándo os sentís como la trapecista. Cada uno verá: cocineros/as, pintores/as, estudiantes, escuchadores/as, hechiceras/os, masajistas, bomberos/as, investigadoras/es, coleccionistas, cajeros/as, artistas, comediantes/as, madres, padres, acompañantes, educadores/as, amantes, cuidadoras/es, escritores/as, funambulistas, obreras/os, carpinteros/as… mil etc. Se trata de ver dónde vibramos, dónde se descubre nuestra pasión, nuestro anhelo más profundo, nuestra identidad radical. No tiene porque ser una profesión, puede ser una cualidad, podéis mirar lo que hacéis cada día, qué tareas os recuerdan a la trapecista y, desde ahí, ir tirando para ir descubriendo vuestro don más íntimo.

Marta y yo, estuvimos hablando de esto ayer e hicimos un ejercicio para intentar descubrir nuestra pasión y sitio. Nos preguntamos: ¿Si fuéramos a ayudar a un campo de refugiados dónde estaríamos cada uno de nosotros? Nos miramos traviesos y casi nos quitábamos la palabra. Marta estaría curando niños (es médico), embarrada, ajetreada, involucrada. Cuidando, atendiendo, sanando todo lo que pudiera. Estaría agotada pero tendría la misma mirada que nuestra trapecista. ¿Y yo? casi nos reíamos. Yo no podría acercarme a los niños y enfermos (me agobiaría con la sangre y el sufrimiento). Yo estaría en la tienda de aprovisionamientos, ordenando, organizando, tratando de convencer a mucha gente para traer comida y medicinas lo antes posible. Organizando los grupos de trabajo, las formas más rápidas para conseguir los aprovisionamientos. Y también tendría la mirada de la trapecista. Lo único es que Marta en su puesto en la vanguardia, estaría pensando ¡Qué lento es mi marido en traer las medicinas! Acabamos a carcajadas..

Prueba tú también ¿Dónde estarías tú en el campo de refugiados? Es un buen ejemplo porque en la necesidad acuciante es dónde suele salir lo mejor de nosotros/as mismos/as.

Cuando analizamos qué queremos ser o qué tenemos para dar nos confundimos muchas veces. Pongo algunos ejemplos:

  • Nos confundimos porque pensamos que lo que tenemos que ser está ligado al deber, la responsabilidad, la misión… y esto nos confunde porque no conectamos con la trapecista que tenemos dentro.
  • Nos confundimos, también, porque nos han enseñado que las cosas se consiguen con esfuerzo y sufrimiento. Tanto vale tanto cuesta… y, entonces, no valoramos lo que disfrutamos y nos hace felices. En la historia de mi trapecista también está el esfuerzo y el sufrimiento del aprender, del entrenar pero como está vinculado a nuestra pasión parece distinto. ¿A qué sí?
  • Nos confundimos porque, cuando éramos niños, nos desconectamos de nuestros dones y de bailar con la vida. Nos hemos complicado la vida, la hemos teñido de seriedad y hemos aprendido a esconder lo que genuinamente somos y que casi ya no nos acordamos.

Os anímo a emprender el camino de descubrir a vuestro/a trapecista y a intentar ayudar a descubrirla a las personas que dirigís u orientáis.

Por último, para los creyentes, yo creo que Dios Padre, estaría en la pista del circo disfrutando de la trapecista a tope y sería feliz viéndola. Esa es la diferencia con nosotros, que como padres y madres estaríamos, entre el público, con una mezcla de orgullo y sufrimiento en cada mortal, comiéndonos las uñas para que no se cayera. Yo creo que Dios no sufriría, estaría plenamente satisfecho porque lo que más quiere es que seamos trapecistas siempre, hasta el final, a pleno pulmón.

Os atrevéis a contarnos en los comentarios cuando sois trapecistas.

3 comentarios en “Trapecista”

  1. Me encanta la metafora de la trapecista!!! Y me siento como muy así…entre cabriolas y volteretas pero eso sí, llevando siempre un micro incorporado!

  2. Mil gracias, Juan.
    Siempre me han asombrado los y las trapecistas y, al mismo tiempo, siempre he pensado que no valía para ello.
    Por eso, como tú en otras ocasiones, he buscado «trapecista» y, después, «trapecio» en rae.es y… He visto que en la cuarta acepción figura: «Cuadrilátero irregular que tiene paralelos solamente dos de sus lados».
    Aunque parezca traído por los pelos, eso de «irregular» me ha invitado a sentir que podemos ser felices con nuestras irregularidades e imperfecciones, también como padres o líderes.

Deja un comentario

Scroll al inicio

Descubre más desde Espacios de Confianza

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo